Su hijo “Yuri” se llego a mimetizar con un árbol a la salida del campo de prisioneros de “Tres Alamos”, esperando cada día su regreso. El tablero de ajedrez en el que su padre lo inició a mover los peones fue mudo testigo nocturno de su angustia. Sus largas caminatas durante las cuales le enseñaba a contar quedaron para siempre en su recuerdo. (Yuri es hijo de un detenido desaparecido durante la dictadura en Chile, tenía 7 años cuando dejó de ver a su padre).
Quise un día ser marinero Y lograr bosquejarme en el infinito de tus ojos Aprendí a nadar en sudorosas lagunas Encendí velas en dudosos destinos Sin importar que corrientes hombrunas borrascosas y convincentes En tus retinas formaran remolinos
Soñar para mí es fácil y soñé mucho Y en todos ellos me reinventaba Remaba en brisas, remaba en fuegos Seguía hermosos fulgores y delicados destellos Que deambuladoras miradas me dabas En la inmensidad del radiante cielo
Hasta que vi colmar mi barca de lágrimas polvorientas Desvanecer el camino a mis espaldas Y cansado llegué a puerto…
Ahora navego en los recuerdos Y en los infinitos recuerdos de los recuerdos No hay remos ni corrientes, Sólo brillos espantados del porvenir Puede ser que ahora nos permitamos remar En el agua prístina y loca de nuestros infinitos.
Teillier definitivamente es uno de mis poetas preferidos. Su poema llamado "La llave" posee la capacidad de tranquilizarme, trasladarme a lugares totalmente placenteros, despertar aquellos recuerdos olvidados en un rincón y sentir esa nostalgia extraña de la infancia Cómo no lo descubrí antes. Se los presento.
La llave Jorge Teillier
Dale la llave al viejo otoño. Háblale del río mudo en cuyo fondo está la sombra de los puentes de madera muertos hace ya tanto tiempo.
No me has contado ninguno de tus secretos. Pero tu mano es la llave que abre la puerta del molino en ruinas donde duerme mi vida entre polvo y más polvo, y fantasmas de viejos inviernos, y los jinetes enlutados del viento que huyen tras robar campanas en las pobres aldeas. Pero mis días será nubes para viajar por la primavera de tu cielo.
Saldremos en silencio, sin despertar el tiempo. Te diré que podremos ser felices.
El poeta Jorge Teillier nació en Lautaro, Chile, en 1935 y murió en 1996.
Cuando todos se vayan a otros planetas yo quedaré en la ciudad abandonada bebiendo un último vaso de cerveza, y luego volveré al pueblo donde siempre regreso como el borracho a la taberna y el niño a cabalgar en el balancín roto. Y en el pueblo no tendré nada que hacer, sino echarme luciérnagas a los bolsillos o caminar a orillas de rieles oxidados o sentarme en el roído mostrador de un almacén para hablar con antiguos compañeros de escuela. Como una araña que recorre los mismos hilos de su red caminaré sin prisa por las calles invadidas de malezas mirando los palomares que se vienen abajo, hasta llegar a mi casa donde me encerraré a escuchar discos de un cantante de 1930 sin cuidarme jamás de mirar los caminos infinitos trazados por los cohetes en el espacio.
El desierto es un lugar de testimonios, un entorno místico de una psicología extraña, de una sensorialidad austera que conquista, con una estética realmente abstracta y una historia cargada de hostilidad. Sus formas son audaces e incitantes. La mente queda presa de la luz, el espacio, la originalidad cinestética de la aridez, las altas temperaturas de día y el viento se enredan con el frío de la noche. El cielo del desierto es envolvente, magestuoso y terrible. En otros hábitats, la línea del horizonte se quiebra y se oscurece; en el desierto se funde con la bóveda que está sobre nuestras cabezas, infinitamente más basta que la que se puede ver en otros paisajes. En este cielo panorámico, las nubes parecen más compactas y a veces hasta se puede divisar la curvatura del globo. Los 360° llenos de angularidades confiere una arquitectura inigualable y monumental tanto a las nubes como al relieve. Es al desierto donde se dirigen profetas y ermitaños, es en él que los líderes de las grandes religiones han buscado los valores terapéuticos del retiro, no para escapar, sino que para descubrir. El desierto me permite atrapar un poco de polvo de las estrellas y valorar la posibilidad de ver. Es en el Pan de Azúcar donde atrapé un poquito.
Ufff… ya está por culminar una de las etapas más importantes de esta vida errante y afortunada y lo único que pienso es en regresar en un futuro cercano, en volver a vivir en estos lugares tan diferentes que me acogieron y me enseñaron que el luchar por ser mejor superan cualquier obstáculo, que uno mismo se forja el destino y que la vida se encarga de premiarte. A veces siento que la vida me ha premiado más de lo que nunca me habría imaginado y constantemente me pregunto qué he hecho para merecer tantos buenos momentos. Sé que la respuesta está por ahí en mi interior, en mi vida, en las ganas y en la fuerza que me mueve día a día para provechar cada momento. Estos meses han sido un cúmulo de nuevas emociones, muchas de ellas no he sabido canalizarlas y me han quitado algunas horas de sueño. Ahora miro a mi alrededor y digo “estoy aquí”, en este preciso momento me encuentro en un lado que siempre quise cruzar, lo he cruzado y me ha dejado con el pecho apretado de tanta emoción. He logrado conocer y cumplir pequeños y grandes sueños que desde pequeño forjé al punto de humedecer los ojos, hablar conmigo mismo en la parte más alta de esa torre es y será una experiencia que jamás olvidaré, seguiré el camino decidido en ese momento volviendo al otro lado y me dedicaré a cumplir esos pequeños sueños que convencido me dije. Tengo muchas cosas que hacer al otro lado, pagar deudas de amistad, retomar cosas que están encerradas y que son importantes, regalarme nuevos estudios y seguir creciendo continuamente. Aprender que la vida sigue, que corre acelerada por mi camino y que no debo dormirme. Sé que lo aprendido aquí y me refiero a todo aspecto, ha forjado mi actuar regresando a Chile y agradezco a todas aquellas personas que he conocido. Estas son algunas palabras (algo que acostumbro a regalar) para ustedes: A veces hay personas que pasan frente a ti y las dejas pasar, ni siquiera te cuestionas que ellas pueden entregarte infinitas alegrías y recuerdos imborrables. Yo no pedí que se cruzaran en mi camino, ni siquiera me lo imaginé, pero ustedes cruzaron su camino con el mío y nos bajamos sin querer en este paraíso. Vivimos experiencias que nos llevaron a reír sin parar y otras a llorar secretamente en un mundo que por el momento es de fantasía, nos extrajeron para compartir una experiencia única en la vida y sin darnos la elección, de otra forma no nos hubiésemos cruzado. Ahora que ya hemos conocido lugares fascinantes, estudiado y compartido nuestro cotidiano, no me queda más que agradecer y llevarlos en el recuerdo de aquí hasta la eternidad, sé que en algún momento, nuestros caminos tendrán un paradero en común y nuestras historias se volverán a juntar, no lo sé cuándo ni lo quiero saber, lo único que me convence, como dijo una nueva amiga, es que nuestra amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo y es que las personas importantes, de piel o no, se volverán a cruzar conmigo. Un afectuoso abrazo. Recuerdo de los tres meses vividos en Toulouse, Francia.
Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que los vi y debo admitir que he sido ingrato. Es una característica innata a mi persona, pero quisiera por medio de este espacio demostrarles que los llevo a todos ustedes en mi camino, en mis ojos y en mis oídos. Quisiera compartir mis sentimientos y mis vivencias, para hacerlas extensivas a sus sentidos. Sé que están contentos por mí y por lo que he conseguido, así como yo estoy verdaderamente orgulloso de ustedes. Recuerdo la innumerable cantidad de veces que, sentados en la plaza o compartiendo una cerveza en la Casona, en la calle, en Quirihue, Concepción o en Quellón, conversamos cómo sería nuestro futuro, si se cumplirían o no nuestros sueños, si se lograría llegar al sol o si el cangrejo sería o no inmortal. La verdad es que todavía las respuestas no son precisas, pero de lo que sí estoy seguro, es que hemos forjado un camino sin límites, con paradas inciertas, en donde siempre, pero siempre tendremos bajadas en común. No importa el lugar, ni el momento, sólo importa que desde hoy hasta el fin de los tiempos, mi viaje encontrará el de ustedes y habrán oportunidades, como muchas veces lo hicimos, para reir y plantearnos nuevos sueños, nuevas metas y nuevas alegrías. Soy un convencido que los sueños se hacen realidad cuando uno los desea con el corazón, no hay mayor estrategia para forjar el destino que luchar por crearlo y creer, por sobre todas las cosas, que uno tiene el mérito y la fuerza para hacer realidad lo que uno se proponga. Quirihue…ufff…. No me alcanzan las palabras para describir lo que ha sido este pueblito, odiado y amado, aburrido y parrandeado, vive constantemente en la dicotomía. Cuántos sueños compartidos, cuántos anécdotas y risas, cuántas conversaciones en torno a la vida y al futuro, en esa calle cerrada, en ese pastizal mirando la luna, en esos pub que no nos cansan, aprendí a sentir cariño por cada uno de ustedes. Ahora, amigos eternos y amigas eternas, mis fronteras se amplían infinitamente, pero en mi mundo, el mundo que me gusta, nuestro pueblo siempre estará presente. Como no mencionar el cambio vivido en Concepción. Esa ciudad me ha moldeado a su manera, cuando comencé a vivirla era un niño inmortal; pero tú Concepción me enseñaste cómo es la vida realmente, con altos y bajos, con alegrías y tristezas; y, en esos momentos, estaban ustedes. No es necesario mencionar lo importante que son para mí ni sus nombres, las palabras hermosas no nacen hoy, nacieron hace muchos años, cuando pasábamos tardes enteras en el pasto frente a la facultad, mirando sucesiones y límites hicimos que el viento cambiara su dirección y las nubes llevaran su lluvia a otras latitudes para que nos alumbrara finalmente el sol. Ahora, ese sol se ha multiplicado y nos acompaña, deseo que alumbre nuestros caminos y su luz nos permita ver y reconocer nuestro encuentro. Tu Concepción querido, en un momento difícil y extraño, forjaste la decisión que cambiaría mi vida. Asistir a esos trabajos comunitarios. Me diste uno de los regalos más importantes que he recibido: ustedes amigos. A partir de ahí comprobé que el sentimiento de amistad se puede dividir infinitamente y, a su vez, entregar en partes infinitas a quienes uno quiere. Las experiencias vividas a partir de ahí no tienen número que las cuente, ni palabra que las englobe, sólo puedo decir que ellas me tienen aquí. Esos trabajos, que sumaron amistades, añadieron cariños entregados y recibidos, han sido excepcionales. Amigos (as) de mochileo, gracias por compartir la inquietud de maravillarnos con el gran mundo en el que vivimos, por amar nuestra tierra y compartir en muchos lugares diferentes anécdotas y alegrías, han sido y serán un aporte valioso en mi persona, estoy seguro que esa guitarra tocará muchas otras veces las canciones “A mi ciudad”, “Siguiendo la luna”, “Sonnet” y se acompañará de ese pandero, resonando en nuestros oídos futuros como una melodía tranquilizadora. Por último y no menos importante está Quellón. Fuiste un punto de escape extraño, un arranque propio de un comportamiento nómade. Todavía me pregunto cómo llegué a ti y la respuesta está en algún lugar mi infinito espacio interior. Si duda fuiste la plataforma en donde caminaba, y en un descuido caí en un barco hacia otro planeta, el planeta al otro lado del mar. Tú eres una experiencia distinta a todas, marcada por el amor y el cariño. Me permitiste conocer a personas muy importantes en mi vida, ustedes amigos, y evidenciar que fue una excelente decisión. Eres un gran regalo. A través de los años, los he conocido uno por uno; algunos(as), desde el principio de los tiempos, a otros(as) porque la vida los cruzó en mi camino y decidimos interrumpir nuestro viaje unos momentos, a otros(as) el sentimiento común y fortuito nos detuvo para charlar o preguntar algo, otros(as) simplemente chocaron fugazmente conmigo y yo los(as) sentí importantes. A todos, quisiera decirles que los(as) aprecio mucho, que de alguna u otra forma el que esté sentado aquí es este momento, y en este lugar, se debe exclusivamente a las muestras de cariño, a las vivencias compartidas, a los consejos dados y al amor, que como humanos, sentimos por las personas que apreciamos. No siempre se dan las gracias cuando siempre se piensa, menos en esta instancia y en el lugar donde estoy, pero como me conocen, saben que para mí es más importante el vivir y ser una buena persona. Un fuerte abrazo amigos y amigas. Recuerdo de Toulouse, Francia.
A continuación pueden disfrutar uno de los momentos más hermosos que he vivido, me hubiese gustado compartirlo en vivo con muchas personas que estimo y valoro, la fortuna que la vida me da y me permite, no puedo dejar de compartirla con ustedes.Espero que aprecien, al igual que yo, las maravillas que la vida nos puede ofrecer cuando luchamos por lograr el éxito. Me siento totalmente afortunado y retomo los elementos que me hacen mejor persona y comparto mi vida y mis ojos.